Antes de que existieran las carreteras (como la famosa e histórica «Ruta de la Muerte» abierta a mediados de la década de 1930), el viaje entre los Yungas y la ciudad de La Paz era una auténtica odisea (viaje de aventura) que requería días de esfuerzo físico, cruzando la imponente Cordillera de los Andes a través de sendas precolombinas.
Para ir desde Coripata —una de las zonas cocaleras históricas más importantes de Los Yungas— hasta La Paz, el sistema de transporte y logística funcionaba de la siguiente manera:
1. Los caminos prehispánicos
No había carreteras para vehículos, pero sí una impresionante red de caminos precolombinos (preincaicos e incaicos) perfectamente empedrados y diseñados para resistir las lluvias amazónicas.
Desde la zona de Coripata y Chulumani, los viajeros se conectaban con rutas troncales altas. Las principales opciones eran:
La ruta de Yunga Cruz: Un camino exigente que avanzaba por las «cuchillas» (filos) de las montañas, conectando Sud Yungas con la zona de Lambate y Palca, a las faldas del Illimani, para luego entrar a La Paz.
Conexiones hacia Unduavi: Senderos locales que subían bordeando los ríos y precipicios hasta unirse en Unduavi, desde donde se encaraba el ascenso definitivo hacia la Cumbre (el punto más alto a 4,700 metros sobre el nivel del mar) para luego descender hacia la ciudad.
2. El transporte de la carga y el rol de la coca
Dado que la geografía de los Yungas tiene muchas pendientes y esta de pasos estechos entre las montañas, las carretas eran completamente inútiles. Todo el transporte se basaba en la fuerza animal y humana:
Los arrieros y las recuas de mulas/llamas: El transporte comercial a gran escala se hacía mediante caravanas o «recuas» de mulas, burros y, en épocas coloniales y prehispánicas tempranas, llamas. Las mulas eran las preferidas por su fuerza y pisada firme en caminos empedrados y resbalosos. Los arrieros eran los hombres que guiaban estas caravanas, conociendo de memoria cada río y curva del camino.
El empaque de la coca: Para que la hoja de coca resistiera el viaje sin humedecerse ni arruinarse, se armaban los tradicionales «cestos de coca» (tejidos de fibras vegetales o lianas de la selva) y posteriormente «tampas» o «fardos» envueltos en cueros de res bien cosidos o telas gruesas impermeabilizadas. Cada mula solía cargar dos de estos fardos (uno a cada costado) equilibrando el peso.
3. ¿Cuánto tiempo tomaba el viaje?
El viaje no se medía en horas, sino en jornadas. Ir desde Coripata hasta la ciudad de La Paz tomaba habitualmente entre 3 y 5 días, dependiendo de la carga, las condiciones climáticas (la temible niebla o llujsa, y las lluvias que derrumbaban senderos) y el estado físico de los animales.
Mientras que un caminante rápido o un mensajero indígena (chaski) sin carga pesada podía hacerlo en 2 o 3 días exigidos, una recua de mulas cargada con cientos de libras de coca avanzaba al paso del animal y requería paradas constantes para no agotar a las bestias en las subidas verticales.
4. ¿Dónde se pasaba la noche?
A lo largo de estas rutas existía una infraestructura colonial y republicana heredada de los tambos incaicos:
Los Tambos y Posadas: Eran albergues rústicos ubicados estratégicamente a la distancia de una jornada de caminata. Tenían corrales grandes para que los animales descansaran y comieran, y habitaciones comunales muy precarias para los arrieros y viajeros.
Puntos clave de descanso: Saliendo de Coripata, se buscaban refugios en las zonas bajas antes de comenzar el ascenso fuerte. Lugares como Chaco o el antiguo pueblo viejo de Unduavi eran paradas obligatorias para «hacer noche», abrigarse y prepararse psicológicamente antes de cruzar la helada Cumbre al día siguiente.
Las «Pashas» o Patachas: Si la noche caía a medio camino en pleno monte o en la puna, los viajeros acampaban al aire libre en pequeñas explanadas al costado del camino (llamadas localmente patachas o repisas en el cerro), protegidos por muros de piedra rústicos construidos por los mismos caminantes a lo largo de los siglos.
Este flujo constante de arrieros convirtió a la coca de los Yungas en el motor económico que abastecía no solo a la ciudad de La Paz, sino principalmente a los miles de mineros que trabajaban en el altiplano y en las minas de plata de Potosí desde el siglo XVI.
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